Tienes ideas de empresario, pero tu energía se disuelve en tareas de muy poco valor. Gestiones, recados, micro decisiones que cualquiera podría asumir. Cada hora ahí es una hora menos de dirección, ventas y estrategia.
Toda tarea pasa por ti para que pueda realizarse. Tus vacaciones, pegado al teléfono y al portátil. Fines de semana de poco descanso o prácticamente nulo. Y además, tienes pesadillas porque no puedes estar en todo. No es responsabilidad: es dependencia de tu persona.
Tu empresa va donde sopla el día. Hoy te arrastra la urgencia de turno; mañana, otra cosa. No marcas rumbo ni ritmo: sobrevives al temporal. Así no mandas tú: te manejan las circunstancias.
Una semana parece que todo funciona a la perfección; a la siguiente, todo se frena. Sin sistemas, lo que sale bien es casualidad. Sin previsibilidad, no hay decisiones valientes ni plan serio.
"Se trabaja mucho" no es un KPI. Sin métricas reales, decides por sensaciones: no sabes que funciona, que frena ni dónde se fuga el tiempo y dinero. Vas conduciendo por una carretera de montaña de noche, sin luces y con los ojos vendados. No puedes tomar decisiones con datos objetivos. Vas conduciendo por una carretera de montaña de noche, sin luces y con los ojos vendados.
Mucho movimiento, poco avance. Terminas el día cansado y en el mismo sitio. El negocio te posee a ti, no al revés. Y lo sabes: no falta esfuerzo, faltan sistemas y foco en el crecimiento de tu empresa.